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5 de julio de 2013

VyD: Los muertos hablarán.


Capítulo anterior...
Relato nº8: El caballo bermejo

Cartagena y Castellano, los inquisidores, sabían que tenían cerca, muy cerca, la ridícula y por lo tanto difícil de hallar nave de Einhorn... sin juicio, sin testigos, sólo tendrían que disparar desde su navío, y hacer explotar el cuerpo del hereje en mil pedazos en aquella parte oscura del cosmos... lejos de los dominios del Emperador, cerca de la frontera de ese Imperio joven... el de los horripilantes y bajitos xenos Tau. Sin embargo, ante sus ojos, o los de las cámaras externas de su nave, no apareció el pequeño caza... sino una nave enorme, de dimensiones grotescas... 
- ...shhhhh... - susurró Cartagena, quien estaba al control de los rádares y las cámaras.
- ¿Qué es eso...? - un objeto enorme aparecía en el rádar principal... como si de un satélite natural cualquiera se tratase.
- Es una nave necrona...

En efecto, un cosechador necrón atravesaba, silencioso y despacio, la nada admitida.

"Mi nave fue 'recogida' del vacío por aquella mole de metal. Tuve que esforzarme: repitiendo mantras aprendidos sin cese, para tranquilizarme y evitar que el corazón me estallara dentro del pecho por el terror... verdadero terror... sabiendo que esos demonios: los necrones, muertos que habitan las máquinas que ellos mismos construyen, me habían 'secuestrado'...  
Cuando la portezuela de mi caza se abrió, me hallé en un habitáculo oxigenado... supuse que lo habrían preparado, puesto que ellos no necesitan tal gas para sobrevivir, para ocasiones como aquélla: cuando necesitaran, los dioses sabrían con qué intenciones, mantener contacto directo con seres de dependencia biológica como yo, un simple humano comparado con la Naturaleza psicomecánica de aquéllos...
Aquel ser carraspeó electrónicamente y me habló sin más preámbulos:
- Atalaya... te estábamos buscando...
Quise preguntar: "¿a mí, por qué?... y, ¿por qué todo el mundo ha sabido que soy el Atalaya incluso antes que yo?" Pero me fue imposible articular palabra. No me salió la voz. Ni si quiera un tosido o un balbuceo. Sólo sé que, ante mi silencio, el otro no se impacientó... volvió a hablar como si con él no fuera la cosa:
- Ven, te está esperando Amón XXIII... nuestro faerón.

Me condujeron andando hasta un pasillo donde terminaba el habitáculo oxigenado. Eran dos soldados sin piernas, tenían una especie de plataforma pequeña y levitante anclada a la cintura, de donde partía su cuerpo antropomórfico; y sujetaban dos armas largas y extrañas, iluminadas de un naranja espectral cuyo tono mis ojos no habían visto antes jamás. En el pasillo, me quitaron las esposas electrónicas y me ofrecieron un yelmo que era más una escafandra... 
- Con esto podrás respirar... - dijo el único que hablaba.
Me la puse y pasamos a un corredor tétrico, oscuro, sucio y... si hubiera podido usar mi nariz, supongo que maloliente.

Pronto llegamos a una sala amplia, llena de esos necrones. Éstos sí tenían piernas y pies, de metal, como el resto de sus cuerpos. Estaban aparentemente desordenados en ese lugar, pero cuando llegué junto con mis silenciosos anfitriones, nos fueron abriendo paso yéndose a la izquierda y la derecha dejando el centro abierto. Frente a mí entonces apareció el trono del faerón Amón XXIII... y otra vez creí desmayar... tragué saliva y apreté fuerte los párpados para abrirlos de nuevo. Quizá mi mente todavía no había digerido toda esa información; ni asimilado que me encontraba allí... en ese nido de cuervos...
- Atalaya... - comenzó Amón, y su voz era la voz de muchos a la vez: - has venido para avisar del Fin... el Fin que tantos milenios mi Dinastía ha estado esperando. 
- ¿Qué... qué va a hacer conmigo, Faerón...? - Pregunté.
En ese momento, dos soldados se me acercaron sin previo aviso con sus armas apuntándome directamente a la cabeza... por un segundo pensé que me iban a desintegrar...
- No... apartaos, dejadle... él no conoce nuestras costumbres... - les dijo y continuó hablándome: - todos deben obtener antes mi permiso si deseo que me hablen; de no hacerlo, mueren... y están acostumbrados a ello... pero tú no Atalaya, para ti esta norma no es válida... pues tú traes el mensaje de la Redención... no vamos a matarte, ni mucho menos: voy a ayudarte a que escuchen tu Palabra. Los hijos de Amón no estuvimos de acuerdo, desde el principio, en vender nuestras almas a los C'Tan cuanto todavía estábamos biológicamente 'vivos'. Pero tuvimos que claudicar sabiendo que, si el resto de Dinastías se convertían a lo que ahora somos, cambiando nuestras almas por la inmortalidad como mentes dentro de cuerpos cibernéticos, acabarían con la nuestra, ya que serían más poderosas y nosotros no nos podríamos defender... pereceríamos pues. Por ello buscamos en el Universo, sin que los demás faerones lo supieran, algún modo de pedir perdón por tal hecho... los Ancestrales murieron, los C'Tan fueron encerrados... la Tierra cambió y llegó aquél que es Hijo de un Padre Omnipresente... y dijo que un día, un día del futuro, llegaría el Fin del Universo... y nosotros le escuchamos... y hemos esperado al Atalaya, al humano que traería el Fin desde ese momento... para terminar, para que nuestro sufrimiento, nuestro arrepentimiento, nuestro llanto por haber vendido nuestras almas a cambio de este trozo de metal que con vergüenza silenciosa debemos llevar, cese de una vez y para siempre... y quién sabe, algunos de nosotros alcancen la Redención... la Salvación prometida por el Hijo del Hombre.

Asentí, simplemente asentí... y él terminó:
- Ven, te voy a mostrar cosas que tú no sabes... saca ese libro, el de las Revelaciones de San Juan Evangelista... y te diré quiénes somos, y quiénes son los 144.000...
Y fui. Y me habló... y comprendí."

Cartagena y Castellano no daban crédito. Apagaron todos los sistemas de su pequeña nave para que el cosechador necrón no la detectara. Y aguardaron en silencio... qué más podían hacer contra aquéllos... 
...de repente, un 'bip' en su radar... darse la vuelta y...
- ¿Quién es ese?

Khârn vio la nave de los Ultramarine frente al gran cosechador necrón y se acercó un poco más... dedujo que los humanos habían seguido al Atalaya y que éste se encontraba con los metálicos oscuros... el sigilo; ir en plan "vamos a ver qué pasa y luego si eso..."; el silencio y el sosiego; preguntar antes que disparar... no eran su estilo, por lo que, en cuanto tuvo a tiro la nave de los inquisidores, no se lo pensó dos veces:
¡BAUM!... y luego: ¡CRASH!
- ¡Nos ha dado! ¡Esa aberración del Caos nos ha dado...!

"Cuando regresé a por los sellos, el quinto estaba roto... y se cumplió lo que dijo Juan y Amón XXIII me acababa de explicar: "Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían muerto. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?" [Ap. 6 : 9-10] Y los Hijos de Amón que estaban en el cosechador se pusieron todos túnicas blancas, y me llevaron a una nave especialmente diseñada para mí... mas, cuando fui a entrar, hubo alboroto, y el primero que me recibió; el de la plataforma en lugar de piernas; me informó:
- Hay naves enemigas cerca... aguarda un poco más."

...Continuará

necrón


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